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  Aguer, H.: NAVIDAD, VIDA NACIENTE Y ABORTO
    4 de Diciembre de 2010
 

NAVIDAD, VIDA NACIENTE Y ABORTO

 

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata (Argentina)

 

 

 

El Papa Benedicto XVI ha marcado el comienzo del tiempo litúrgico de Adviento con una celebración de las primeras vísperas y, en ella, una singular conmemoración de la vida naciente. Ha propuesto una vigilia por la vida naciente, señalando con esta iniciativa la relación íntima que existe entre el Misterio de la Encarnación de Cristo Nuestro Señor y el origen de toda vida humana.

 

Nos recuerda el Papa que Dios se ha hecho vecino, cercano a nosotros, se ha hecho hombre, se ha hecho niño y ha recorrido el camino de la vida humana desde sus orígenes. En virtud de esa disposición divina, la dignidad de la vida humana se revela altísima, incomparable, precisamente por su vinculación con el Misterio de la Encarnación del Señor.

 

Podríamos añadir también una referencia a la Creación ya que en el origen de cada vida humana interviene Dios Creador dotando a ese nuevo miembro de la humanidad de un alma inmortal. Y también podríamos mirar hacia el fin, pues el hombre que procede de Dios está orientado a Él y tiene en Él su fin, su meta. Ha salido de Dios y debe llegar a Dios.

 

En el centro de la historia y en el centro de cada aventura humana está Cristo verdadero Dios y verdadero Hombre. Pero es notable también que el Santo Padre haya utilizado, durante esta celebración, en su preciosa homilía, un argumento científico. Es algo por demás conocido que nosotros muchas veces hemos comentado aquí, pero quiero leer las palabras mismas del Papa:

 

Existen tendencias culturales que procuran anestesiar las conciencias con motivaciones que son más bien pretextos. Respecto al embrión en el seno materno la ciencia misma pone en evidencia su autonomía, su capacidad de interacción con la madre, la coordinación de los procesos biológicos, la continuidad del desarrollo, la creciente complejidad del organismo. No se trata de un cúmulo de material biológico sino de un nuevo ser viviente, dinámico y maravillosamente ordenado, un nuevo individuo de la especie humana. Así ha sido Jesucristo en el seno de María, con un antiguo autor cristiano, Tertuliano, podemos afirmar: “ya es un hombre aquel que llegará a serlo”. No hay ninguna razón –concluye el Papa- para no considerarlo persona desde la concepción como cada uno de nosotros en el seno de su madre”.

 

Me parece importante que en este tiempo de Adviento, en la preparación de la próxima Navidad y en la misma celebración de esta hermosa fiesta, recojamos la vinculación que el Santo Padre nos sugiere entre el origen de toda vida humana y la Encarnación del Verbo que comenzó a hacerse hombre en el seno de María, se desarrolló en él durante nueve meses y nació virginalmente para ser nuestro Salvador. Él fue un “nascituro”, un niño por nacer.

 

Para nosotros, argentinos, es particularmente importante esta referencia en este tiempo cuando la Comisión de Legislación Penal de la Cámara de Diputados de la Nación ha comenzado, a modo de audiencias públicas, a discutir la problemática del aborto y los proyectos que amenazan convertirse en ley.

 

Sería penoso que demos ese paso en falso, ese paso hacia atrás, cuando hasta la ciencia misma reconoce la condición personal del embrión humano. Sería terrible que la Argentina, desconociendo eso, establezca bajo el relativo eufemismo de despenalización del aborto la condena a muerte de muchos niños por las circunstancias particulares en las cuales han sido concebidos. Es sabido, además, que la intención de los lobbies abortistas apuntan a mucho más, ya que presenta ese atentado contra la vida naciente como un derecho de la mujer que se debe reclamar y reconocer.

 

La Iglesia está salvaguardando un valor fundamental de humanidad que es el respeto a la vida y a su dignidad incomparable desde el instante mismo de la concepción. Un valor natural, sostenido y afirmado por la ciencia, pero fortalecido por la fe, robustecido por la teología, por la luz resplandeciente del misterio de la Encarnación. FIN

 

(Alocución televisiva de Mons. Héctor Aguer, en el programa Claves para un Mundo Mejor, 4 de diciembre 2010)