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  Jenkins, P.: Lo que hay detrás de la caída de Mosul
    11 de Agosto de 2014
 

Lo que hay detrás de la caída de Mosul

Para quien le importe la historia cristiana, es como el fin del mundo

 

Philip Jenkins

 

 

El 10 de junio, la ciudad de Mosul cayó en manos de las fuerzas del ISIS, el Estado Islámico de Irak y el Levante. Políticamente, es una catástrofe para las esperanzas americanas de preservar el status quo que habían impuesto no sin dificultad en la región, mientras que ya planea una catástrofe humanitaria. Golpe particularmente duro para los cristianos de la región, que no desean vivir bajo la ley de la yihad. Una triste crónica en The Telegraph recientemente titulaba: “Los acosados cristianos iraquíes se detienen por última vez en la frontera de Mosul”.

Se ha informado ampliamente de esto, pero lo que los medios no tienen en cuenta es precisamente cuán crucial es Mosul para toda la historia cristiana de más de dos mil años. Aunque la destrucción de la Mosul cristiana se había decretado hace muchos años, el inminente final sigue siendo un shock. La mejor forma de describir sus consecuencias es imaginar la aniquilación de algunos importantes grandes centros religiosos de Europa, como Asís, Colonia o York. Hace mucho tiempo, Mosul fue el corazón de un territorio que no era menos cristiano.

Mosul misma fue un antiguo centro asirio importante, que siguió floreciendo durante la Edad Media. Ya en el siglo II de nuestra era, la ciudad tenía presencia cristiana. Era una base vital para la Iglesia en Oriente, la autoproclamada Iglesia nestoriana, que la convirtió en sede metropolitana. También estaban presentes los monofisitas, la hoy Iglesia siro-ortodoxa. Estas iglesias usaban el siriaco, un idioma cercano a los apóstoles, y los pueblos siro-parlantes aún sobreviven en el área de Mosul.

Mosul era el centro de una red de monasterios, algunos de los cuales estaban entre los más antiguos e influyentes de todo el movimiento monástico. A cuarenta kilómetros de la ciudad encontramos San Elías y San Mateo (Mar Mattai) del siglo IV, Rabban Hormizd y Beth `Abhe de los siglos VI y VII, y muchos más: Mar Bihnam, Mar Gewargis (San Jorge), Mar Mikhael (San Miguel). Como en Europa occidental, estos lugares eran cruciales para la vasta tradición de la fe y enseñanza cristianas, y los más grandes no tenían nada que envidiar a Monte Cassino o Iona. En su apogeo, Mar Mattai era uno de los mayores claustros del mundo cristiano, con miles de monjes.

Tenemos un precioso recuerdo de este mundo perdido en los escritos de Tomás de Marga, cuyo Libro de los Gobernadores recoge las vidas de monjes y santos sirios. Tomás menciona docenas de nombres de pequeños conventos en la región de Mosul, muchos de los cuales ya no podemos localizar. Los restos de muchos, presumiblemente, sobreviven bajo mezquitas de pueblos iraquíes. El norte de Irak, en sus días, estaba poco menos densamente poblado de monasterios que Irlanda.

La Iglesia de Oriente nunca se benefició de una alianza con un poder secular amigo. Desde el siglo III, la región de Mosul fue gobernada por Persia, mientras que los musulmanes la gobernaron desde el siglo VII. Durante siglos, sin embargo, estas iglesias y monasterios salieron adelante por sus propios medios. En los relatos del gran pensador del siglo XIII Gregory Bar Hebraeus, la región de Mosul aún cuenta como uno de los ejes del universo cristiano (el propio Gregorio fue enterrado en Mar Mattai). Cuando los emisarios cristianos de la China mongola viajaron por Oriente Medio alrededor de 1280, visitando los centros claves de la fe, Mosul era una importante etapa de su itinerario.

Después del siglo XIII, Mosul cayó en tiempos difíciles y fue devastada en las guerras mongolas. A pesar de ello, la vida cristiana persistió en los conventos de alrededor. Nos damos cuenta de ello gracias al precioso manuscrito copiado de antiguos rescritos cristianos siriacos, conocido como la Cueva de los Tesoros, que hoy se conserva en el Museo Británico. Fue copiado en 1709 por el instruido sacerdote Homô, hijo del sacerdote Daniel, que vivió en Alqosh, cerca de Mosul. Sin el cuidadoso trabajo de escribanos como Homô, nuestro conocimiento del antiguo Oriente cristiano sería mucho más pobre de lo que es.

La ruina de la Mosul cristiana es un asunto moderno. A principios del siglo XX, el terrible estado del orden público en el norte de Mesopotamia redujo drásticamente la población cristiana, mientras que raids kurdos y ataques de bandidos golpearon repetidamente los monasterios y devastaron sus librerías. La Primera Guerra Mundial supuso un golpe casi mortal, pues los turcos otomanos infligieron a los cristianos locales el mismo intento de genocidio que ya estaban realizando contra los armenios. Hacia los años 20, la una vez intercontinental iglesia asiria se había reducido a poco más de 40.000 supervivientes en el área de Mosul.

A pesar de ello, la comunidad asiria revivió, y coexistió con otras comunidades cristianas, con los caldeos católicos, con los siro-ortodoxos y con los ortodoxos árabes. Los cristianos esperaban, de hecho, beneficiarse del estado laico prometido por el régimen de Saddam. Mosul era el hogar del conocido ministro de exteriores de Saddam, que cambió su nombre cristiano Michael Yuhanna al más parecido musulmán de Tariq Aziz.

Pero fue en vano. La violencia islamista surgida tras la invasión de EE.UU. en 2003, y la actual campaña del ISIS podrían poner el punto final. Agonizante, para quien conozca la historia de la región, el artículo que mencionaba sobre el momento final de los cristianos estaba ilustrado por una imagen de Mar Mattai, que es hoy un santuario para los civiles locales.

Para quien le importe la historia cristiana, esto es como el fin del mundo.

 

HAIDAR HAMDANI/AFP, 24-06-2014