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  Cruz Rodríguez, M.: La violencia islamista, ¿nada que ver con el Islam?
    30 de Agosto de 2014
 

La violencia islamista, ¿nada que ver con el Islam?

                                               Manuel Cruz Rodríguez

Catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Barcelona

 

Empiezan a surgir algunas voces autorizadas del mundo islámico que rechazan las barbaries cometidas por el llamado «Estado Islámico», o Califato de Mosul. Una de ellas es la del «gran mufti» de Arabia Saudita, Abdelaziz El Chej, quien ha declarado que el Califato es, junto a la banda de «Al Qaída», el enemigo público numero 1 del Islam y que sus prácticas terroristas «nada tienen que ver con el Islam».

 

Para ilustración de nuestros lectores aclaremos dos cosas: una, que el titulo de «gran mufti» se aplica a la autoridad más relevante entre los musulmanes de un país y su principal cometido consiste en interpretar la «Sharía» o ley islámica. Segunda, que Arabia Saudita es el país que aplica esta «ley» en su sentido más riguroso, fundado en el credo «wabhabita»… que solo admite una aplicación literal del Corán y la «sunna» (tradición) de acuerdo con las enseñanzas de uno de los teólogos más integristas de la época medieval: Ibn Taimiya.

 

Aunque ninguno de los dos «muftis» ha condenado tajantemente al Califato y se han limitado a decir que «eso no es el Islam», bastan sus tenues palabras para darse por contento: los musulmanes empiezan a hablar en contra del terrorismo practicado en nombre del Islam. Cabe, sin embargo, una pregunta: ¿no forma parte la violencia del conjunto de las enseñanzas islámicas? ¿No es la «yihad» menor, -la otra, ya sabemos, es la que recomienza el esfuerzo espiritual para combatir el mal- uno de los fundamentos islámicos para aniquilar a los enemigos del Islam?

 

Una de las grandes autoridades del Islam, el jesuita Samir Jalil Samir, nacido en Egipto y actualmente residente en Líbano, también acaba de decir que las barbaries cometidas por los terroristas del Estado Islámico no representan al Islam. Pero el, propio religioso, cuya autoridad en la materia es reconocida en todo e mundo, declaraba no hace mucho que la violencia islámica tiene su raíz… en el Corán y la Sunna, que los textos coránicos que abogan por la violencia son numerosos –ha contado hasta 75- y que los versículos no violentos, es decir los misericordiosos y clementes con todos los seguidores de otras religiones, son anteriores en el tiempo… Según la doctrina islámica, esto significa que lo más antiguo es derogado por lo más reciente, según el «principio derogatorio», destinado a aclarar las contradicciones que se encuentran en los textos.

 

En otras palabras, la guerra, «la yihad», es una practica habitual en el Islam, según unas reglas definidas en su Libro Santo, como son la defensa de los «derechos de Dios» o el peligro de una rebelión interna, la temida «siba»… El propio Mahoma, como recuerda Jalil, llevó a cabo una veintena de guerras en los diez últimos años de su vida, cuando vivía en Medina.

 

Otro pensador de nuestros días, el prestigioso escritor tunecino Mohamed Talbi, que ya ha cumplido los 90 años, considera que el problema del Islam no está en la interpretación del Corán sino en la «Sharía». Mientras el Corán –dice- es fruto de la revelación divina –la creencia musulmana es que su Libro es copia del que existe en el Cielo- la ley islámica es fruto de la manipulación humana: son los hombres los que se han inventado una «ley islámica» compuesta por versículos coránicos y «hádices» o dichos atribuidos al Profeta. Más aún: Talbi cree que algunas leyes coránicas deben actualizarse basándose, precisamente, en el espíritu del Corán que exige corregir lo que se puede mejorar. Talbi considera que ser musulmán es aceptar el Corán «libremente» y plenamente consciente y esa aceptación va al código genético de cada creyente y lo condiciona de por vida. ¿Y el terrorismo islámico, según Talbi? Pues el sabio tunecino cree que se trata de una deformación de la estructura de las personas que niegan la libertad: el terrorismo, dicho de manera lapidaria, es una negación de la libertad. Por supuesto, Talbi se cura en salud al afirmar que el Corán es libertad y recuerda un versículo coránico que los terroristas del Califato o de «Al Qaida», no han querido tener en cuenta: nadie puede ser coaccionado en materia religiosa. Es decir, no se puede obligar a nadie a convertirse al Islam, como hacen los islamistas radicales con los cristianos o los yasidíes.

 

¿A quien creer? ¿Existe un Islam moderado, tolerante, respetuoso con los derechos humanos, especialmente con la libertad religiosa y otro Islam represivo, intolerante, coactivo, amenazante? La respuesta la vemos cada día: son una minoría la que se dedica a matar en nombre de Dios… mientras la inmensa mayoría calla, bien por miedo, bien por ignorancia, bien por complicidad silenciosa. No obstante, no se puede, de ningún modo, equiparar a todo el mundo islámico con una forma de ser y de actuar. Aquí al lado, en la otra orilla del Mediterráneo, tenemos a un Marruecos que lleva años preocupándose de erradicar el radicalismo integristas de sus mezquitas, de su enseñanza. El rey alauita, descendiente del Profeta Mahoma y «Emir de los Creyentes», ha dispuesto un estricto control en las mezquitas, en las prédicas de los imanes que están estrechamente vigilados por las autoridades religiosas dependientes de los Ulemas y del Ministerio del Habus.

 

Y, miren por donde, el ministro español del Interior, alarmado por el proselitismo yihadista que se ha detectado en algunas ciudades, acaba de pedir a los imanes de España, es decir, a los regentes de las mezquitas, que rechacen toda enseñanza radical. Pero aquí en España, ¿quién se mete en las mezquitas para controlar lo que allí se dice en las «jotbas» de los viernes? Más aún: ¿qué dicen las múltiples –y enfrentadas- asociaciones de musulmanes sobre lo que ocurre en Irak, Siria, Somalia, Nigeria, Mali, el Sahel, etc.?

 

Hay muchas más preguntas que esperan respuesta. A raíz del fatídico 11-S con el que comenzó la guerra al terrorismo global, muchos se preguntaron por el contenido de los libros de texto de los escolares en Arabia Saudita, de donde habían partido la mayor parte de los terroristas alistados por Ben Laden. Y se descubrió que en esos libros se enseña a los niños a no hacerse amigos cristianos, que son unos «cerdos», ni judíos, que son unos «monos. Doce años después, tras muchas promesas de las autoridades saudíes, los textos siguen igual.

 

¿Dónde está el origen de la violencia? Ya pueden decir los muftis de Riad o de El Azhar que el terrorismo nada tiene que ver con el Islam: mientras no se enseñe que nadie puede matar en nombre de Dios y que Dios se basta a Sí mismo, para castigar a sus enemigos, la violencia islámica subsistirá. Y ya veremos si los ayatolás iraníes y los imanes saudíes, enemigos entre sí, son capaces de aniquilar el Califato de Mosul…

 

Manuel Cruz

Catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Barcelona

Infocatolica.com

Publicado originalmente en Análisis Digital