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  Schneider, A.: ¿UN SÍNODO AL SERVICIO DE LA AGENDA MUNDANA?
    6 de Noviembre de 2014
 

¿UN SÍNODO AL SERVICIO DE LA AGENDA MUNDANA?

Mons. Athanasius Schneider, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Santa María en Astana, Kazajistán.

 

Su Excelencia, ¿cuál es su opinión sobre el Sínodo de la familia? ¿Cuál es su mensaje para las familias?

Durante el Sínodo, hubo momentos de evidente manipulación por parte de algunos clérigos con puestos clave en la estructura editorial y rectora del Sínodo. El informe provisional (Relatio post disceptationem) era claramente un texto prefabricado y sin vinculación con las verdaderas intervenciones de los Padres En las secciones sobre homosexualidad, sexualidad y los “divorciados vueltos a casar”, el texto representa una ideología neopagana radical. Esta es la primera vez en la historia de la Iglesia en que un texto tan heterodoxo, surgido de un encuentro oficial entre Obispos católicos y bajo la dirección de un Papa, haya sido publicado, aun cuando tuviese carácter preliminar. Gracias a Dios y a las plegarias de los fieles de todo el mundo, un número considerable de padres Sinodales rechazaron decididamente esa agenda. Es una agenda que refleja la moralidad general corrupta y pagana de nuestra época, que está siendo impuesta mundialmente mediante la presión política y a través de los casi todopoderosos medios de comunicación oficiales, leales a los principios de la ideología mundial de género. Este documento sinodal, aunque sólo fuera provisional, constituye una auténtica vergüenza y una indicación de la medida en que el espíritu del mundo anticristiano ha invadido niveles importantes de la vida de la Iglesia. Este documento permanecerá para las futuras generaciones y para los historiadores como una mancha en el honor de la Sede Apostólica. Por fortuna, el Mensaje de los Padres Sinodales es un documento verdaderamente católico, que esboza la verdad divina sobre la familia sin silenciar las raíces profundas de los problemas, es decir, la realidad del pecado: “Tenemos presente la carga impuesta por la vida en el sufrimiento que puede surgir por un hijo con necesidades especiales, con enfermedades graves, o con el deterioro por la edad avanzada, o por la muerte de algún ser querido. Admiramos la fidelidad de aquellos que vencen estas pruebas con coraje, fe y caridad. Ellos no lo ven como una carga impuesta sino como una forma de donación al prójimo, viendo en la debilidad de la carne  al Cristo sufriente…El amor conyugal, que es único e indisoluble, persevera en las dificultades. Es uno de los milagros más maravillosos y el más común. Este amor se propaga a través de la fertilidad y la generación, que involucran no sólo la procreación de los hijos sino el don de la vida divina en el bautismo, su catequesis, y su educación…La presencia de la familia de Jesús, María y José permanezca sobre ustedes” (1).

Los grupos que han estado esperando un cambio en las enseñanzas de la Iglesia con respecto a ciertas cuestiones morales (p.e. permitir la Comunión a las personas “divorciadas vueltas a casar” o buscando alguna forma de aprobación a las uniones homosexuales) probablemente se han visto decepcionados con el contenido de la Relatio final. ¿No habría de todos modos un peligro al cuestionar y discutir temas que son fundamentales para las enseñanzas de la Iglesia? ¿No hay un peligro de que esta misma discusión abra la puerta a serios abusos o a intentos de revisar estas enseñanzas en el futuro?

Un mandamiento divino, el sexto mandamiento, y la indisolubilidad absoluta del matrimonio sacramental, una regla de derecho divino, significan que los que se encuentran en estado de pecado grave no pueden ser admitidos a la Sagrada Comunión. Esto lo enseña San Pablo en su carta inspirada por el Espíritu Santo (1Co 11,27-30) y no puede someterse a voto, igual que la divinidad de Cristo nunca se sometería a voto. Una persona que sigue estando unida por el vínculo indisoluble del matrimonio sacramental y que, a pesar de ello, vive en cohabitación estable con otra persona, por precepto divino no puede ser admitida a la Sagrada Comunión. Hacer lo contrario sería una declaración pública por parte de la Iglesia, legitimando perversamente la negación de la indisolubilidad del matrimonio cristiano y, al mismo tiempo, aboliendo el sexto mandamiento de la Ley de Dios: No cometerás adulterio. Ninguna institución humana, ni siquiera el Papa o un Concilio Ecuménico, tiene la autoridad y la competencia para anular, ni siquiera de forma ligera o indirecta, uno de los diez mandamientos o las palabras divinas de Cristo: Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre (Mt 19,6) Sin consideración de que esta lúcida verdad haya sido de forma constante y sin cambios, porque es incambiable, a través de todas las épocas por el Magisterio de la Iglesia hasta nuestros días por ejemplo en la Familiaris Consortio de San Juan Pablo II, en el Catecismo de la Iglesia Católica y por el Papa Benedicto XVI, la admisibilidad a la Sagrada Eucaristía de los así llamados “divorciados vueltos a casar” ha sido sometida a votación en el Sínodo. Este hecho es en sí mismo muy grave y y representa una actitud de clerical arrogancia con respecto a la Verdad divina y la Palabra de Dios.

Indigno intento de someter a votación la Verdad divina

El intento de someter a votación la verdad divina y la Palabra de Dios es indigno de los que, como representantes del Magisterio, deben transmitir celosamente, como siervos buenos y fieles (cf. Mt 24, 45) el depósito divino.

Al admitir a los “divorciados vueltos a casar” a la Sagrada Comunión, esos obispos establecen una nueva tradición por su propia voluntad y vulnerando con ello el mandamiento de Dios, como Cristo reprochaba a los fariseos y a los escribas (cf. Mt 15,3). Y lo que es peor es el hecho de que esos obispos intentan legitimar su infidelidad a la Palabra de Cristo mediante argumentos como la “necesidad pastoral”, la “misericordia”, la “apertura al Espíritu Santo”. No tienen reparo ni escrúpulo en pervertir de forma gnóstica el verdadero significado de esas palabras, denostando a los que se oponen a ellos y defienden el inmutable mandato divino y la verdadera Tradición como rígidos, escrupulosos o tradicionalistas. Durante la gran crisis Arriana en el s. IV los defensores de la Divinidad del Hijo de Dios también fueron llamados “intransigentes” y “tradicionalistas”. San Atanasio llegó a ser excomulgado por el Papa Liberio y el Papa justificó el hecho con el argumento de que San Atanasio no estaba en comunión con los Obispos de Oriente que eran mayoritariamente heréticos o semi-heréticos. San Basilio el Grande afirmó frente a esa situación que: “Solamente un pecado es severamente castigado en estos días: la atenta observancia de las tradiciones de nuestros Padres. Por esa razón los buenos son arrojados fuera y llevados al desierto” (Ep. 243)

La realidad es que estos Obispos que alientan la admisión a la Comunión a los “divorciados vueltos a casar” son los nuevos Fariseos y Escribas porque rechazan el mandamiento de Dios contribuyendo al hecho de que del cuerpo y el corazón de los “divorciados vueltos a casar” continúen “procediendo adulterios” (Mat. 15:19), porque ellos quieren una solución que “limpie” exteriormente para aparecer “limpios” frente a los que detentan el poder (los medios, la opinión pública). Pero de todos modos cuando eventualmente se presenten ante el tribunal de Cristo, escucharán sin dudas para su propio desmayo estas palabras de Cristo: “¿Quién eres tú para enumerar mis mandamientos y tomar en tu boca mi alianza? Tú que aborreces la disciplina y echas a la espalda mis palabras…y tienes tu parte con el adúltero?” (Ps 50 (49):16:18).

La Relatio final del Sínodo también contiene, desafortunadamente, el parágrafo con el voto sobre el tema de la Santa Eucaristía para los “divorciados vueltos a casar”. Aun cuando no haya conseguido los dos tercios requeridos, permanece allí el hecho preocupante y asombroso de que la mayoría absoluta de los Obispos presentes hayan votado a favor de la Comunión para los “divorciados vueltos a casar”, un triste reflejo de la calidad espiritual del episcopado en nuestros días. Y es más triste aún que este parágrafo que no obtuvo la aprobación requerida por la mayoría calificada, permanezca a pesar de todo en el texto final de la Relatio y vaya a ser enviada a todas las diócesis para su discusión. Sólo aumentará la confusión doctrinal entre los sacerdotes y los fieles, al quedar en el aire que los mandamientos divinos, la Palabra de Cristo y la enseñanza del Apóstol Pablo están al albur de los distintos grupos de decisión. Un Cardenal que abierta y vehementemente apoyó el asunto de la admisión a la Santa Comunión de los “divorciados vueltos a casar” y aún la vergonzosa declaración sobre las “parejas” homosexuales de la Relatio preliminar estaba disconforme con la Relatio final, y terminó declarando que “El vaso está medio lleno”, que esperaba que había que trabajar para que esté lleno el año que viene. Debemos creer firmemente que Dios disipará los planes de engaño, infidelidad y traición. Cristo maneja infaliblemente el timón de la barca de su Iglesia en medio de tal tormenta. Creemos y confiamos en el que dirige la Iglesia, Nuestro Señor Jesucristo, que es la Verdad.

Estamos atravesando en estos días una cima en la agresión a la familia; esta agresión está acompañada por una tremenda confusión en el área de las ciencias sobre el hombre y la identidad del hombre. Desafortunadamente pareciera haber ciertos miembros de la jerarquía eclesiástica que al discutir estos asuntos expresan opiniones que contradicen las enseñanzas de Nuestro señor Jesucristo. ¿Cómo deberíamos dirigirnos a las personas que son víctimas de esta confusión, para que fortalezcan su fe y ayudarlos hacia su salvación?

Cristo purifica la fe a través de la prueba

En este tiempo extraordinariamente difícil, Cristo está purificando nuestra fe católica, de modo que, a través de la prueba, la Iglesia brille aún más y sea realmente luz y sal para un mundo neopagano insípido, gracias a la fidelidad y a la fe simple y pura en primer lugar de los fieles, de los pequeños de la Iglesia, de la «ecclesia docta» (la Iglesia que aprende), que en nuestros días fortalecerá a la «ecclesia docens» (la Iglesia que enseña, es decir, el Magisterio), de forma similar a lo que ya ocurrió en el siglo IV.

Tal como el beato cardenal Newman afirmó: “Es este un hecho muy remarcable, pero hay una enseñanza en él. Quizás fue permitido con el objeto de imprimir sobre esa Iglesia que salía de la persecución  la gran lección evangélica de que no el sabio y poderoso, sino el obscuro, el falto de instrucción y el débil, son su verdadera fuerza. Fue principalmente por el pueblo fiel que el Paganismo fue erradicado, y fue por el pueblo fiel bajo la guía de Atanasio y los Obispos de Egipto, y en algunos lugares con el apoyo de sus Obispos y Sacerdotes  que la peor de las herejías fue resistida y echada del territorio sagrado…En ese tiempo de inmensa confusión el dogma divino de la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo fue proclamado, mantenido y (humanamente hablando) preservado, mucho más por la “Ecclesia Docta” que por la “Ecclesia Docens”, en el que el cuerpo del Episcopado fue infiel a su misión mientras el cuerpo de los laicos fue fiel a su Bautismo, en el tiempo en que a veces el Papa, otras algún patriarca o metropolitano u otras grandes Sedes, o Concilios generales dijeron lo que no debían o hicieron lo que oscureció o comprometió la Verdad revelada; mientras por otro lado fue el pueblo cristiano el que bajo la Providencia constituyó la fuerza eclesiástica de Atanasio, Hilario, Eusebio de Vercellae y otros grandes confesores solitarios, que hubieran fallado sin él” (Arrianos del s IV, pp.446, 466)

Anima a los católicos a ser fieles al Catecismo

Tenemos que animar a los católicos ordinarios a que sean fieles al Catecismo que han recibido, a que sean fieles a las claras palabras de Cristo en el Evangelio, a que sean fieles a la fe que sus padres y antepasados les transmitieron. Tenemos que organizar grupos de estudios y conferencias sobre la doctrina perenne de la Iglesia sobre el matrimonio y la castidad, invitando especialmente a los jóvenes y a las parejas casadas. Tenemos que mostrar la auténtica belleza de una vida en castidad, la auténtica belleza del matrimonio y la familia cristianos, el gran valor de la Cruz y del sacrificio en nuestras vidas. Tenemos que presentar más ejemplos de los santos y de personas ejemplares que, a pesar de que sufrían las mismas tentaciones de la carne, la misma hostilidad y burlas del mundo pagano, con la gracia de Cristo tuvieron una vida feliz en castidad, en un matrimonio cristiano y en una familia. La Fe, la fe Católica y Apostólica, pura e íntegra vencerá al mundo (cf. 1 Jn 5:4)

Formar grupos de ayuda para la conversión y la santidad

Tenemos que crear y promover grupos juveniles con el corazón puro, grupos de familias, grupos de esposos católicos, fieles a sus votos matrimoniales. Tenemos que organizar grupos que ayuden a las familias moral y materialmente rotas, grupos que asistan con su oración y buenos consejos a las parejas separadas, grupos y personas que ayuden a los “divorciados vueltos a casar” a comenzar una conversión seria, reconociendo con humildad su situación pecaminosa y abandonando con la gracia de Dios los pecados que vulneran el mandamiento de Dios y la santidad del sacramento del matrimonio. Tenemos que crear grupos que ayuden cuidadosamente a las personas con tendencias homosexuales a emprender el camino de la conversión cristiana, el camino feliz y hermoso de una vida casta, y en un momento dado les ofrezcan discretamente un remedio psicológico. Tenemos que mostrar y predicar a nuestros contemporáneos, en el mundo neopagano, la Buena Noticia liberadora de la enseñanza de Cristo: que los mandatos de Dios y el sexto mandamiento en particular son sabios y hermosos: La Ley del Señor es perfecta y es descanso del alma: el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón. La norma del Señor es límpida y da luz a los ojos (Sal 19(18),7-8).

Durante el Sínodo el Arzobispo Gadecki de Poznan y algunos otros distinguidos prelados expresaron públicamente su disconformidad con el hecho de que los resultados de la discusión se apartaran de las enseñanzas perennes de la Iglesia. ¿Existe la posibilidad de que por esta discusión haya un despertar de miembros del clero y de fieles que hasta ahora desconocían el hecho de que en el mismo seno de la Iglesia hubiera personas que socavaran las enseñanzas de Nuestro Señor?

La Iglesia en Polonia defendió la verdad en el Sínodo

Es un honor para el catolicismo polaco que el Presidente del episcopado, Su Excelencia el Arzobispo Gądecki, haya defendido con claridad y valor la verdad de Cristo sobre el matrimonio y la sexualidad humana, mostrándose como un verdadero hijo espiritual de San Juan Pablo II. El cardenal George Pell habló muy adecuadamente de la agenda progresista sobre la sexualidad y la supuesta motivación misericordiosa y pastoral para dar la Sagrada comunión a los “divorciados vueltos a casar” durante el Sínodo, diciendo que sólo es la punta del iceberg y una especie de caballo de Troya en la Iglesia.

Periodistas y blogueros católicos, soldados de Cristo.

Que en el mismo seno de la Iglesia hay personas que socavan la enseñanza de Nuestro Señor se hizo evidente ante el mundo entero gracias al Internet y al trabajo de algunos periodistas católicos que no permanecieron impasibles ante lo que estaba ocurriendo con el tesoro de la fe católica. Me alegró comprobar que algunos periodistas católicos y blogueros de Internet se comportaban como buenos soldados de Cristo y alertaban de la agenda clerical que buscaba socavar la doctrina perenne de Nuestro Señor. Los cardenales, obispos, sacerdotes, familias católicas y jóvenes católicos tienen que decirse: me niego a ajustarme al espíritu neopagano de este mundo, aunque sean obispos y sacerdotes los que lo difundan; no aceptaré su uso falaz y perverso de la misericordia divina y del nuevo Pentecostés; me niego a ofrecer granos de incienso ante la estatua del ídolo de la ideología de género, ante el ídolo de los segundos matrimonios, de la cohabitación; aunque mi obispo lo haga, yo no lo haré; con la gracia de Dios, elegiré sufrir en lugar de traicionar la verdad plena de Cristo sobre la sexualidad humana y el matrimonio.

Obispos y cardenales que ofrecen incienso a ídolos neopaganos

Es el testimonio lo que convencerá al mundo, no los maestros, como dijo el Beato Pablo VI en Evangelii Nuntiandi. La Iglesia y el mundo necesitan urgentemente testigos intrépidos y francos de la verdad plena de los mandamientos y de la voluntad de Dios, de la verdad plena de las palabras de Cristo sobre el matrimonio. Los fariseos y escribas clericales modernos, esos obispos y cardenales que ofrecen granos de incienso ante los ídolos neopaganos de la ideología de género y la cohabitación, no convencerán a nadie para que crean en Cristo y ofrezcan sus vidas por Cristo.

Realmente “veritas Domini manet in aeternum” (Ps 116: la verdad del Señor permanece para siempre) y “Jesucristo es el mismo hoy y ayer y por los siglos” (Hebr. 13:8) y “la Verdad os hará libres” (Juan 8:32) Esta última frase bíblica era una de las favoritas de San juan Pablo II, el Papa de la Familia. Podríamos agregar: la Verdad divina revelada e incambiable sobre la sexualidad humana traerá libertad a las almas dentro y fuera de la Iglesia. En medio de la crisis de la Iglesia y el mal ejemplo moral y doctrinal de algunos Obispos de su tiempo, San Agustín confortó a los simples fieles con estas palabras: “No importa lo que nosotros los Obispos seamos, vosotros estáis a salvo, los que tenéis a Dios por Padre y a su Iglesia como Madre” (Contra litteras Petiliani III, 9, 10).

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(1) Traducción propia. El texto del Documento Final (Relatio Synodi), en el momento de la entrevista, continuaba sin traducirse al español, estando solamente en italiano y en inglés. La “vergonzosa” e “inaceptable” (Card. Gerhard Müller) Relatio Post Disceptationem, por el contrario, estuvo lista en cinco idiomas en 48 hs., implicando una sorprendente velocidad de transcripción, edición y traducción de cientos de discursos e intervenciones.

Mons. Athanasius Schneider dio esta entrevista a Izabella Parowicz para PCH24, Polonia Christiana, http://www.pch24.pl/against-pharisees,31907,i.html. Extractada de Infocatólica.com, de donde tomamos la base de esta traducción, que completamos con el original en inglés.

Jueves, 5 de noviembre de 2014