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  Cardenal Timothy Dolan: Carta a los Obispos de Estados Unidos
    22 de Febrero de 2012
 

     Carta a los Obispos de Estados Unidos

Cardenal Timothy Dolan, Arzobispo de New York

22 de febrero de 2012

 

Queridos hermanos obispos,

Desde que les hemos escrito respecto a los críticos esfuerzos que estamos llevando a cabo juntos para proteger la libertad religiosa en nuestro amado país, muchos de ustedes nos han pedido que escribamos una vez más para actualizarlos respecto a la situación y para pedir nuevamente la ayuda de todos los fieles en esta obra importante. Nos es grato hacerlo ahora.

En primer lugar, queremos expresar nuestro más afectuoso agradecimiento a ustedes y a todos nuestros hermanos y hermanas en Cristo, por el notable testimonio, brindado el mes pasado, de nuestra unidad en la fe y de nuestra fuerza de convicción. Hemos hecho oir nuestras voces y no dejaremos de hacerlo hasta que sea restaurada la libertad religiosa.

Como sabemos, el 20 de enero, el Departamento de Salud y Servicios Humanos anunció la decisión de promulgar normas definitivas que en la práctica obligarían a todos los empleadores, incluyendo a muchas instituciones religiosas, a pagar por fármacos abortivos, esterilizaciones y anticoncepción. Las normas no proporcionaban ninguna protección a nuestras instituciones importantes -como las obras de catholic charities (instituciones católicas de caridad), hospitales y universidades- y a los ciudadanos creyentes que tienen personal contratado. Las normas han golpeado el corazón de nuestro derecho fundamental a la libertad religiosa, las cuales afectan nuestra capacidad de servir a quienes están fuera de nuestras comunidades de fe.

Desde el 20 de enero, la reacción ha sido inmediata e incesante. Nos hemos congregado con personas de todo credo y opinión política, para hacer una sola cosa rotundamente clara: estamos unidos contra todo intento de negar o debilitar el derecho a la libertad religiosa sobre el que ha sido fundado nuestro país.

El viernes 10 de febrero, la Administración promulgó las normas definitivas. Literalmente, las normas han sido reconfirmadas "sin modificaciones". Permanece la obligación de proveer las prestaciones ilícitas. Permanece la exención extremadamente restringida para las Iglesias. A pesar de las protestas, quedan en pie todas las amenazas a la libertad religiosa planteadas por las normas iniciales.

La libertad religiosa es un derecho fundamental de todos. Este derecho no depende de la decisión de un gobierno para concederlo: está dado por Dios y las sociedades simplemente lo reconocen y respetan su libre ejercicio. El libre ejercicio de la religión se extiende más allá de la libertad de culto. También prohíbe al gobierno obligar a personas o grupos a violar sus más profundas convicciones religiosas, así como también interferir en los asuntos internos de las organizaciones religiosas.

Recientes acciones de la Administración han intentado reducir este libre ejercicio a un "privilegio" arbitrariamente concedido por el gobierno como una simple exención de una forma abarcadora y extrema de secularismo. La exención está definida en forma extremadamente estrecha, porque no exime a la mayoría de los empleadores religiosos sin fines de lucro, a las aseguradoras confesionales, a los empleadores asegurados por cuenta propia, o a otras empresas privadas poseídas y gestionadas por personas que justamente objetan que deban pagar por fármacos abortivos, esterilizaciones y anticoncepción. Y porque está instituida solamente por un capricho del ejecutivo, inclusive esta exención excesivamente restringida puede ser derogada fácilmente.

En Estados Unidos, la libertad religiosa no depende de la benevolencia de quien nos gobierna. Es nuestra "libertad primera" y el respeto a ella debe ser amplio e inclusivo, no estrecho ni exclusivo. Los católicos y las otras personas de fe y de buena voluntad no son ciudadanos de segunda clase. Y no corresponde al gobierno decidir cuál de nuestros ministerios es "suficientemente religioso" para garantizar la protección de la libertad religiosa.

Esto no se refiere solamente a la anticoncepción, a los fármacos abortivos y a la esterilización, si bien todos deben reconocer las injusticias implicadas al incluirlas en un programa de atención a la salud obligatorio para todos. No se trata de republicanos o demócratas, conservadores o "liberales". Se trata de las personas de fe. Es en primer lugar una cuestión de libertad religiosa para todos. Si el gobierno puede, por ejemplo, decir a los católicos que ellos no pueden actuar hoy en el campo de los seguros sin violar sus convicciones religiosas, ¿en dónde se termina? Esto viola los límites constitucionales puestos a nuestro gobierno y los derechos básicos sobre los que ha sido fundado nuestro país.

Queda mucho por hacer. No podemos quedarnos quietos frente a una amenaza tan grave contra la libertad religiosa por la que han combatido nuestros padres y abuelos. En este momento de la historia debemos trabajar con premura para preservar la libertad religiosa y para remover todas las amenazas a la práctica de nuestra fe en la plaza pública. Éste es nuestro patrimonio como estadounidenses. El presidente Obama debe derogar la ley, o al menos proveer medidas plenas y efectivas para proteger la libertad religiosa y la conciencia.

Sobre todo, queridos hermanos, en esta importante batalla pongamos la confianza en la ayuda del Señor. Todos tenemos el deber de actuar ahora, contactando a nuestros legisladores para respaldar la Ley para el Respeto de los Derechos de Conciencia, lo que se puede hacer a través de nuestra acción de alerta en www.usccb.org/conscience

Los invitamos a compartir en todas las formas posibles los contenidos de esta carta con los fieles de vuestras diócesis o con los medios que ustedes consideren más apropiados. Sigamos rezando pidiendo una rápida y plena superación de ésta y de todas las amenazas a la libertad religiosa y a la práctica de nuestra fe en nuestro gran país.

Cardenal Timothy Dolan, Arzobispo de Nueva York, Presidente de la Conferencia de los Obispos Católicos de Estados Unidos

Mons. William E. Lori, Obispo de Bridgeport, Presidente del Comité "ad hoc" para la libertad religiosa

(Trad.: web Sandro Magíster, http://chiesa.espresso.repubblica.it/?sp=y)