CONFERENCIA EPISCOPAL PERUANA: SIGNIFICADO DE "SALUD SEXUAL" Y "SALUD REPRODUCTIVA"
Introducción
Comentamos los conceptos de Salud Sexual (SS) y Salud Reproductiva (SR) para luego hacer referencia a la doctrina de la Iglesia Católica, contenida en el Magisterio, respecto a algunos puntos tratados en las Conferencias Internacionales de El Cairo (1994) y Beijing (1995) y finalmente describimos las actividades de la Conferencia Episcopal Peruana concordantes con la posición de la Iglesia Católica.
Salud Sexual
El concepto de SS proviene directamente de la propuesta de salud como figura en la Carta Constitutiva de la OMS, 1948. El protagonismo de su difusión le corresponde sin mayor duda a la Organización Mundial de la Salud, desde su primer enunciado casi treinta años atrás hasta su última elaboración del 2002.
La SALUD REPRODUCTIVA, como lo ha reconocido OMS, es el resultado más que de fundamentos científicos de “compromisos políticos”.
La comisión, de la OMS que elaboró un documento publicado parcialmente el 2002, constituida en su gran mayoría por personalidades identificadas con el “construccionismo radical”, formuló cuatro definiciones: sexo, sexualidad, salud sexual y derechos sexuales.
El término sexo lo refiere a las “características biológicas que definen a los seres humanos, hembra o macho”.
La sexualidad “sería un aspecto central de la vida y comprendería el sexo, el rol y la identidad de género, la orientación sexual y el erotismo, así como el placer, la intimidad y la reproducción”.
La sexualidad “se expresaría en pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, roles y relaciones, aunque no todos estén siempre presentes. Resalta también la influencia de factores biológicos, económicos, políticos, éticos, legales, religiosos y espirituales”.
La salud sexual por su parte es definida como “un estado de bienestar físico, emocional, mental y social relacionado con la sexualidad; no es meramente la ausencia de enfermedad, disfunción o malestar. La salud sexual requiere un acercamiento positivo y respetuoso hacia la sexualidad y las relaciones sexuales, así como la posibilidad de obtener placer y experiencias sexuales seguras, libres de coerción, discriminación y violencia”.
“Para que la salud sexual se logre y se mantenga, en opinión de la OMS,”los derechos sexuales” de todas las personas deben ser respetados, protegidos y satisfechos”. Aunque relativiza el supuesto derecho al placer sexual, el punto nuevo es que considera como requisito para gozar de SS la vigencia de los derechos sexuales (DDSS). Cabría preguntarse: ¿A quién sería dirigido “el acercamiento positivo y respetuoso”? ¿Quién sería responsable de crear las condiciones para “experiencias sexuales seguras y placenteras”? ¿Esto último es aplicable también para los niños? ¿ Incluye a los homosexuales y transgéneros?.
Pero considerar los “derechos sexuales” como necesidad para la existencia de la SS nos recuerda que estos pretendidos “derechos” están en proceso de dilucidación, no figuran en ningún tratado internacional de derechos humanos.
Los derechos sexuales según la OMS son los derechos humanos que están ya reconocidos en la legislación nacional e internacional y “otros documentos de consenso”. “Incluyen los derechos de todas las personas a ser libres de discriminación y violencia para acceder a los estándares más altos posibles de salud en relación con la sexualidad, adicionando a este derecho otros mas a los que la OMS considera derechos sexuales”.
El riesgo de crear estos nuevos derechos forma parte del diseño de una estrategia de explosión de derechos que no sólo debilita el valor de los derechos humanos reconocidos realmente, sino que en el campo de la sexualidad promueve la no-distinción entre los diferentes tipos de conducta sexual, normal y patológica.
Salud Reproductiva
El término "Salud Reproductiva" (SR) se usó por primera vez en la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo ( El Cairo, 1994 ), y se volvió a mencionar en la Conferencia Internacional sobre la Mujer (Beijing, 1995). Fué objeto de reservas por el Perú y numerosas delegaciones que asistieron a dicha Conferencia. La Santa Sede entre otras.
Su marco conceptual proviene de las ideas postmodernas, el iuspositivismo y la estrategia de los nuevos derechos humanos en pugna con las creencias religiosas, la diversidad cultural y la misma doctrina sobre los derechos humanos.
La SR concebida como un derecho humano forma parte de lo que se conoce como la "reinterpretación" de los derechos humanos clásicos que están firmemente establecidos desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. Bajo la denominación de SR se posibilitan una serie de situaciones concernientes a la salud y el bienestar de la población:
-esterilizaciones forzadas (ocurridas en el Perú y otros países)
-no dar información sobre los efectos abortivos y secundarios de algunos anticonceptivos.
-argumentar que el embarazo empieza en la implantación del zigoto y no en la concepción (por ejemplo para aprobar la "píldora del día siguiente”).
-conculcar el derecho a la objeción de conciencia de los médicos en la atención de la salud.
-intención de instituciones de cooperación externa a incluir la SR como paso necesario para el acceso a créditos de la banca multilateral.
La definición de SR – como aparece en el Programa de Acción (El Cairo, 1994) -expresa: “... entraña la capacidad de disfrutar de una vida sexual satisfactoria y sin riesgos de enfermar y de procrear, y la libertad para decidir hacerlo o no hacerlo, cuándo y con qué frecuencia”.
Ni el Programa de Acción de El Cairo, ni la Plataforma de Acción de Beijing (1995) tienen poder vinculante, y por tanto no obligan a ningún Estado a adoptar sus conclusiones.
Posición de la Iglesia Católica
La dedicación y el trabajo de la Iglesia Católica en el campo de la salud son de conocimiento público. Así, y sólo como referencia, no está demás recordar que el 26.7% de los Centros de atención a los enfermos de VIH/SIDA en el mundo, son dependientes de la Iglesia Católica.
En lo que atañe al derecho a la SS y SR, constan las reservas de la Santa Sede en la Conferencia Internacional de El Cairo.
La Iglesia considera que el empleo de los términos “salud sexual”. “derechos sexuales”, “salud reproductiva” y “derechos reproductivos” tal como los define la OMS, se aplica a un concepto holístico de la salud y no
-a la persona en su totalidad de cuerpo y espíritu
-que no promueven el logro de la madurez personal en la sexualidad, el amor recíproco y la adopción de decisiones que caracterizan a la relación conyugal conforme a las normas morales.
-manifiesta su oposición a que el aborto o el acceso al aborto constituya una dimensión de esas expresiones.
Con respecto a las expresiones “contracepción”, “planificación de la familia”, “salud sexual y reproductiva”, “capacidad de la mujer de controlar su propia fecundidad”, “variedad más amplia de servicios de planificación de la familia” y a cualquier otra expresión relativa a los conceptos de servicios de planificación de la familia y control de la fecundidad, el hecho de que la Santa Sede se sume al consenso no ha de interpretarse como una modificación de su conocida posición respecto de esos métodos de planificación de la familia que la Iglesia Católica considera moralmente inaceptables o respecto a servicios de planificación familiar que no respetan la libertad de los cónyuges, la dignidad humana ni los derechos humanos de los participantes.
La Iglesia Católica ratifica las reservas al Documento Final de la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer (Beijing, 1995), reiterando que la Santa Sede no considera que el aborto o los servicios destinados al mismo son una dimensión de la salud reproductiva.
Señala asimismo su desacuerdo con el empleo de terminología ambigua sobre el control indiscriminado de la sexualidad y la fertilidad que podría interpretarse como una aprobación social del aborto o la homosexualidad, además de agregar una Declaración de Interpretación del término “Género” que entiende como fundado en una identidad biológico-sexual, varón y mujer.
Actuación de la Conferencia Episcopal Peruana
La defensa de la Vida y de la familia como su hábitat natural, la planificación familiar y la paternidad responsable han sido temas de permanente preocupación por parte de la Iglesia Católica Perú y han motivado la publicación de una serie de Comunicados y Mensajes de los Obispos del Perú, quedando claro que no se trata de la opinión de un grupo de obispos, sino del Magisterio de la Iglesia Universal, expresado por Pablo VI en la encíclica “De la Vida Humana” y posteriormente por Juan Pablo II en su encíclica “El Evangelio de la Vida”. La doctrina de la Iglesia así expresada, no está dirigida sólo a los católicos. Se orienta expresamente a los hombres de buena voluntad que quieren regir sus vidas según la ley natural.
La Conferencia Episcopal Peruana dedica los mayores esfuerzos a la defensa de la Vida, señalando la sacralidad e inviolabilidad de la misma desde la unión de los gametos masculino y femenino hasta la muerte natural. Desde este punto de vista centra su preocupación en las etapas de indefensión mayor como son la inicial – desde la fecundación al nacimiento – y la terminal, la ancianidad y la muerte. Es en estas épocas en las cuales la vida humana está particularmente amenazada.
“Nuestra atención quiere concentrarse, en particular, en otro género de atentados, relativos a la vida naciente y terminal, que presentan caracteres nuevos respecto al pasado y suscitan problemas de gravedad singular, por el hecho de que tienden a perder, en la conciencia colectiva, el carácter de “delito” y a asumir paradógicamente el de “derecho”, hasta el punto de pretender con ello un verdadero y propio reconocimiento legal por parte del Estado y la sucesiva ejecución mediante la intervención gratuita de los mismos agentes sanitarios. Estos atentados golpean la vida humana en situaciones de máxima precariedad, cuando está privada de toda capacidad de defensa...” ( Evangelium Vitae, 11)
La Iglesia Católica promueve una auténtica paternidad responsable. Esto supone que los padres deben tener clara conciencia de su obligación de velar por la vida del hijo engendrado, por su sustento, su salud y educación, hasta su edad adulta. Pero, considera moralmente inaceptable que para regular la natalidad se imponga el uso de medios como la anticoncepción, la esterilización y por supuesto el aborto quirúrgico o químico.
La Iglesia rechaza toda forma artificial de procreación y regulación de la natalidad no por ser artificial, sino porque despersonaliza e instrumentaliza la sexualidad, y rechaza de manera aún más enérgica, como un crimen, cualquier forma de eliminar la vida incipiente de un ser que empieza a gestarse.
La objeción fundamental de la Iglesia Católica es de carácter moral. Los métodos cerrados a la vida, que tienen como único fin impedir el embarazo, convierten el don de la vida del hijo en un mal del que es preciso defenderse.
Los Obispos del Perú también se han pronunciado acerca de la incongruencia existente entre la política de control de la natalidad y la campaña de promoción del libre ejercicio de la sexualidad desde la adolescencia, sin más criterio de responsabilidad que cuidar las consecuencias profilácticas y procreativas.
La Conferencia Episcopal Peruana ha tenido participación en el esclarecimiento de los lamentables abusos cometidos contra la población más pobre, desinformada e indefensa durante las campañas de la Anticoncepción Quirúrgica y ha hecho escuchar su oposición en relación con la Anticoncepción Oral de Emergencia por considerar que entraña riesgos para el concebido.
La Iglesia no es ajena a las presiones que se ejercen a nivel internacional para limitar la natalidad. No pretende imponer sus principios que no son más que aquellos pertenecientes a la ley natural que está inscrita en lo más íntimo del corazón de todos los hombres. Pero está en la obligación de manifestar la Verdad y proseguir haciendo camino hacia la Cultura de la Vida.
Conclusión
La Iglesia Católica mantiene las mismas reservas que presentara en las Conferencias Internacionales de Población y Desarrollo (El Cairo, 1994) y Sobre la Mujer (Beijing, 1995).
La Conferencia Episcopal Peruana reitera la sacralidad de la vida – a cuyo servicio está el derecho a la salud - en todas sus edades y situaciones, desde la concepción hasta la muerte natural. Señala la inviolabilidad de la misma y asume la defensa de la familia conformada por un hombre, una mujer y los hijos que puedan procrear de manera responsable y en concordancia con las normas y valores morales. El aborto, cualquiera sea su modalidad - quirúrgico o químico - , es considerado un crimen por la Iglesia Católica.
Lima, 31 de agosto 2005
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